Diapositivas: Turquesa

II

Turquesa

 

Fondo negro. Ojos que parpadean y ojos amarillos de gato. Muchos.

Y más.

Desde allí aparece una pequeña niña.

Está de pie sobre algo que gira.

Ella es muy pequeña.

Sólo da vueltas y vueltas impelidas.

Lleva un disfraz,

es un vestido atemporal

azul turquesa vivo con lunares rosa  chillón rodeado de blondas caprichosas.

También lleva un sombrero sencillo cubierto de flores infantiles.

Dos trenzas con sendos lazos también turquesa,

medias blancas y gruesas que acaban en unos

zapatitos de charol opacos.

Da vueltas como las bailarinas de roídas cajas musicales.

Los giros vienen hacia aquí

La acercan hasta que se ve su cara:

Es una niña embalsamada

Porcelana que abre y cierra sus párpados avisándonos que se va a romper,

Se va a romper,

¡Es urgente, urgente!

¡Desde dentro estallará ya!

Pulverizándose sobre la pantalla en millones de trocitos aún más pequeños que ella.

No sé si duele, pero infunde un horror primigenio.

 

 

 

 

Diapositivas: Morado

I

Morado

 

Aquí sentada frente al mar, inerte frente al ir y venir de las olas.

Es un mar tranquilo de cuna y madre.

Entre las olas y yo,

un trozo rectangular de arena brillante,

un trozo de cielo refulgente

y decenas de pequeños pájaros blancos y verdes que cruzan de oeste a este.

Yo estoy sentada en una silla que me pertenece.

Es de hierros oxidados que envuelven mi tórax desnudo como un corsé.

Por lo demás

 llevo el pelo largo y suelto,

una falda roja

que descansa sobre mí

como yo sobre mi trono y mis pies sobre la arena arden.

Detrás de mí, la legión de mis antepasados grises y silenciosos,

testigos.

Los ojos me queman.

Los pájaros vuelven a cruzarse,

 pero sólo alcanzo a ver sus sombras moradas sobre la arena

Amarilla, amarilla.

Cierro los ojos para descansar

Y sentir el calor del sol sobre mi lado derecho.

Por el izquierdo, un persistente viento frío,

 la piel de gallina.

La arena dibuja espirales reverberantes con el que me golpean látigos.

 

 

Memorias de una vidente 1

1

Y ASÍ EMPEZÓ TODO

 

-          Madre, mándeme usted a hacer algo.

-          Pero niña, puedes irte a jugar con tus amiguitos.

-          Es que ellos aún están haciendo los deberes y yo me aburro, madre, dígame, ¿le hago algún recado?

-          Ya has acabado tus deberes, ¿verdad?

-          Sí, madre, sí.

-          A ver... enséñamelos.

-          Mire, madre, aquí, ¿lo ve?, aquí pone la fecha de ayer y lo que hay que hacer y aquí está todo ordenado.

-          Muy bien, mi niña, muy bien. Entonces puedo pedirte que me hagas un recado un poco largo.

-          ¡Sí, sí!

-          Pues irás a casa de los tíos  a llevarles esta cesta.

María Antonia no tenía más que unos nueve años, nueve y unos pocos meses por aquel entonces. Le gustaba ayudar en casa y sobretodo mantenerse ocupada. Era de las primeras en levantarse por la mañana y cuando los demás bajaban se encontraban con la mesa del desayuno ya preparada. Aquella niña era un terremoto, comentaban las vecinas. Pero lo decían sin menospreciarla, sino como una cierta forma de admiración y agradecimiento pues también a ellas les hacía algunos recados, ordeñaba sus vacas o cuidaba de algún bebé, que por aquel entonces en el pueblo habían nacido unos cuantos. María Antonia tenía experiencia con niños, a pesar de ser la más pequeña de la familia, ya que desde muy  pequeña había comenzado a ocuparse de los hijos de sus hermanas mayores cuando hacía falta. Por ser la menor y porque ya no quedaban más hijos en la casa, había podido instalarse en la buhardilla teniendo un espacio en el que reinar ella sola a su entera libertad. Su primo Juan  había reparado las paredes con tablas que sobraban de las obras en las cuales trabajaba. Luego subieron la cama, el ropero y la mesilla. Alargaron los cables de manera provisional hasta poder hacer una instalación eléctrica mejor que tardaría en llegar, para dicha de la niña que prefería iluminarse con velas cuando el sistema fallaba. Para su cumpleaños  ella  había pedido una habitación para ella sola de color lila y rosa, y con estrellitas plateadas en el techo. Su madre la envió a un recado a casa de los tíos María y Pepe que vivían en el pueblo de al lado, tardaría al menos unas tres horas en ir y volver. Últimamente siempre se las arreglaba para enviarles alguna cosa, un potaje, unos panecillos, lo que fuera con tal de mantener a la niña lejos de allí, que tenía como un sexto sentido para saber qué ocurría, por eso mismo era mejor alejarla si se preparaba una sorpresa, como era el caso.  Eso era lo que había pasado cuando iba a cumplir los seis y luego con los siete o los ocho y con los Reyes, también. Si se escondían los regalos en casa, Toñi  sabía qué era y dónde estaban; se lo contaba a sus hermanas que luego se quejaban a su madre por haber desvelado el secreto y arruinado la sorpresa para la pequeña, pero después de un par de veces descubrieron que nadie decía nada y que la niña siempre lo sabía. Nunca le preguntaron cómo, sino que se cuidaron mucho de esconder los paquetes en casa o de mencionar el tema.  Así que esta vez iban a prepararlo bien. Con las perdices en escabeche no dio tiempo de acabar la limpieza de la buhardilla, la niña era la única que solía subir  por allí y por lo visto no le asustaban los ratoncillos ni las arañas; además, había una enorme cantidad de trastos viejos.  La madre, Doña Asunción, a  partir de entonces quedó de acuerdo con su hermana que ella le enviaría viandas y que una vez que la niña llegara a la casa la invitarían con un gran trozo de tarta para entretenerla un rato más, las golosinas y las peticiones de más variado tipo eran la única manera de enredarla. Cada sábado durante los dos siguientes meses obedecieron a un estricto plan de señales y acuerdos con el fin de prepararle la gran sorpresa.  Los panecillos y la tarta de manzana hicieron la segunda parte de la limpieza y fueron sucedidos por empanadillas y el pastel de chocolate que se encargaron de las reparaciones junto  la carne adobada y filloas; chorizos del tiempo y bizcocho de nueces, así como tantas otras viandas y demás acabados. Se acercaba el  día en el que la familia se reuniría, habían elegido el domingo, después de misa. 

Merlinaldo y el niño que no creía

Cuando Eric se despertó la primera vez era muy temprano. Había soñado. Qué raro. Abrió los ojos  con dificultad. Tengo que ser el primero en ir a ducharme, ahora que no hay ruido. (Eric estaba pensando en que los chicos hacían demasiado bullicio por las mañanas, aún se creía en el Orfelinato). Le costaba siempre mucho despertarse. Si pudiera elegir preferiría quedarse en la cama y dormir, sólo dormir. Pero sabía que eso no era correcto, no, no estaba bien, había que levantarse. Tengo que levantarme, tengo que levantarme, tengo que levantarme. Se sentó en la cama. Miró a su alrededor y entonces se acordó. ¡Estaba en aquel lugar!

Estaba seguro de haber visto un hotel así en alguna película. Su habitación era enorme con una enorme cama. Allí podían dormir él, Raúl, Esteban y Julián y aún sobraba sitio Todo era grande. ¿O quizás él se sentía un poco más pequeño? Todo era rojo y dorado, como un árbol de Navidad ricamente adornado. Las paredes no eran blancas sino de un lila tranquilo y cálido a la vez. Había lámparas, muchas, también doradas y de un violeta fuerte. Los muebles estaban llenos de volutas y formas de señoras como en los barcos, como las proas de los barcos. También había un espejo en el que se veía toda la habitación. La madera, porque los muebles eran de madera y el suelo también, como las ventanas y las contraventanas, crujía un poco, como una vieja noble dama rusa que se quejaba de algún que otro achaque (seguramente aquella dama se quejaba por vicio, sólo por sentirse atendida, era una noble dama anciana rusa y mimada).

Eric no sabía con seguridad si alguna vez había estado en un sitio así. Recordó luego que Carolina había dejado abierta una de las dos cortinas “porque lo mejor del mundo es despertarse con la luz del sol”, le había insistido y eso que a él le daba igual. ¿Y en los días de lluvia? Se lo habría preguntado, pero estaba determinado a no hablar (y eso que se le había escapado antes una palabra). No dijo nada.

¿Qué hora sería ahora? Por allí no había ni un reloj. Se levantó y fue a mirar por la ventana. Detrás de las hojas de un gran árbol se veía poca gente. ¿Sería sábado? ¿Qué día era? Ayer había sido su cumpleaños. ¿Sólo ayer? ¡Parecía tan lejos!  No, no era sábado. Si había poca gente por la calle quería decir que era temprano. Bostezó, aún tenía sueño. Pero no, no podía volver a dormirse. Entonces se sentó en la cama a esperar. Esperó, esperó. Esperó sin más. Sentado en el borde de la cama con los pies apenas apoyados sobre el suelo, su espalda un poco encorvada hacia delante, los brazos pegados al cuerpo, las manos firmes sobre la colcha (antes había hecho la cama estaba acostumbrado y no le importaba estar en un hotel todos los niños han de saber hacerse la cama).


continuará...

Los cuentos del destino 24

Otro gran papel que está reservado a La Emperatriz es la mediación en los asuntos domésticos porque ella es una gran diplomática por excelencia, tal vez precisamente porque sabe reírse de lo serio y se toma con seriedad la risa. Aprovecha esta energía para mediar contigo y con esa parte tuya que siempre está en desacuerdo. Es ahora el momento de cuidar, nutrir y mimar cada una de tus zonas, de tus personalidades. La parte más enfadada de ti mismo encontrará comprensión con La Emperatriz y se relajará. Preséntale estas zonas tuyas, nada has de temer porque ella sabrá perfectamente cómo hacer que todos se sientan como en casa y a su aire.  ¿Por qué no lo pruebas?

Es ahora el momento para entregarse a proyectos, puede que te encuentres lleno de ideas o lleno de una idea. La Emperatriz se hace notar de esta manera, con este entusiasmo. La necesitas especialmente si estás pasando por una época en la que mucho o todo te parece  que va mal. Si ves primero lo negativo en las personas que conoces, necesitas el auxilio de La Emperatriz. Si acaso también ves siempre primero el aspecto negativo de lo que haces (olvidándote sin querer de las vertientes positivas), te aliviará encontrarte con la gran dama de esta carta. Esta gran dama no está fuera de ti, como todos los arcanos está dentro de nosotros, es uno de nuestros aspectos. 

La Emperatriz puede manifestarse de manera muy amorosa o muy castradora, no tiene términos medios. Puede que te emborraches con proyectos y no los acabes materializando o te canses a medias; puede que no des rienda a ningún proyecto, porque nunca te parece lo suficientemente válido. Podemos construir y podemos destruir con la misma facilidad. Si te observas tendrás más posibilidades de saber de qué lado inclinar la balanza para que se equilibre. ¿Por qué no lo pruebas?

Quizás no tengas fuerzas en este mismo momento para salir a divertirte o preparar una comida para tus amigos o ni tan siquiera para cuidar de tu imagen personal. Entonces yo te pediría que te compraras flores, un ramo pequeño y que te guste. Ponlo en un recipiente con agua, mima los tallos de las flores, concéntrate en su colocación y detente en el placer de simplemente gozar de estas flores. Puede ser incluso una flor, una única. Pero sean muchas o pocas, dedícales al menos una hora. Míralas, tócalas, huélelas... de cerca... de lejos... ¿Por qué no lo pruebas?

Puede que la situación no cambie, puede también que este respiro dentro del jardín de la Emperatriz te sirva para poder sentir el perfume de las flores, que a pesar de todo, sigue existiendo. Podemos permitirnos un paseo por el jardín de la Emperatriz para recordarnos a nosotros mismos que los jardines existen, que las flores florecen. Pero... ¡ojo! El jardín de la Emperatriz necesita un Emperador, tal como podrás comprobar en el siguiente  cuento.

Los cuentos del destino 23

A la Emperatriz, mi hermana y yo la llamábamos el hada la-la-lá. Podíamos pasarnos un día entero sin tomarnos las cosas demasiado en serio, nos bastaba con decir “¡La-la-lá!” y simplemente nos reíamos y jugábamos sin sentido, porque sí. Esos días cantábamos más, jugábamos más, nos reíamos más, sin ton ni son. Una deliciosa confianza nos embriagaba. Aún hoy cuando a veces estamos atravesando un momento difícil o sin querer nos hemos vuelto demasiado rígidas o exigentes, cuando nos pasamos un día diciéndole a los demás lo que deben hacer u opinamos sesgadamente sobre los acontecimientos de la vida de los demás y nos damos cuenta de ello, nos llamamos. Al descolgar el teléfono basta que una de las dos pronuncie entonces aquel “¡la-la-lá!” para relajarnos un poco más y abordar el asunto complejo y embrollado que nos tiene ofuscadas desde otro punto de vista. ¡A veces, funciona! 

¿Qué pasaría si un día, o tal vez durante un par de horas, si te imaginaras en el trabajo o en el medio donde te sientes aprisionado acompañado del hada la-la-lá? ¿Es muy descabellado ni tan siquiera imaginarlo? ¿Lo has probado? ¿No funciona la fotocopiadora por enésima vez? ¡La-la-lá! ¿Las cosas no han salido como esperabas? ¡La-la-lá! ¿Alguien se ha puesto como objetivo hacerte la vida más difícil? ¡La-la-lá! ¿No hay salida? ¡La-la-lá!

No se trata de un tipo de actitud constante ni de dejar de  tomarse las cosas con seriedad y responsabilidad. Simplemente es un juego. Si invitas a la Emperatriz a tu espacio de meditación es posible que te sugiera alguna manera de divertirte un poco dentro de la gravedad del momento. Sólo será un ratito. ¿Por qué no lo pruebas?

La Emperatriz invita además a cuidar y cuidarse, nutrir y nutrirse. Ahora es tiempo de cuidarse más, de cortarse el pelo y  ponernos guapos. La Emperatriz respira primavera y querrá tener flores en casa, buscará el sol y la diversión por ella misma. También  se hará sentir para que prepares alguna comida para amigos o familiares. Quizás la cocina no sea tu fuerte aunque no haya quien resista los bocadillos que haces. 

La Emperatriz necesita cuidar de los demás y de sí misma. Lleva algo para desayunar al trabajo que puedas compartir con algunos compañeros. “¿Por qué no lo pruebas?”- te diría La Emperatriz entre traviesa y divertida. La Emperatriz te pedirá que te pongas cremas después de la ducha o del baño, que cuides tus manos, tu piel. Si puedes darte un baño, mejor que mejor y si lo haces con música y pones unos inciensos... Todo para que puedas decir con ella: -¡Mmmm... qué delicia! 

No se trata de que te comas tus postres preferidos, ni que te compres todo cuanto necesitas o crees necesitar, se trata de algo mucho más básico. Se trata de sentirse bien con el cuerpo, de disfrutar con las cosas y los momentos que ya tenemos y de hacer de manera tal que podamos compartir un momento delicioso con los demás.

Los cuentos del destino 22

El olor a tierra es algo que me encanta. No es raro, el poder de las brujas está muy relacionado con la Tierra porque es ella quien nos da ese poder. Puedes sentirlo cuando te vas a un bosque y  pisas la tierra con los pies desnudos. Vas a bosque, te adentras en él, te descalzas, te apoyas sobre el suelo y suspiras. Luego, comienza a respirar. Concéntrate en tus pies, como si el aire entrara desde la tierra, hinchara los pies como si de pulmones se tratara. En esos momentos se siente la energía de la tierra. No se trata de una locura mística, ni de algo imaginario. La energía de la tierra es algo más que probado. Simplemente se trata de sentirla, es maravilloso.

Imagínate Tierra. Mira el mundo desde allí. ¿Qué ves? ¿Cómo se ve todo? ¿Cómo ve la Tierra el nacimiento de una plantita, el despuntar de una hierbecilla? ¿Cómo se siente la Tierra en primavera cuando todo nace? Ve hacia atrás en el tiempo hasta tu nacimiento. Imagínalo. Imagínalo y enamórate de aquel momento. Fíjate en aquel segundo. Eres tú, el Cielo y la Tierra. La Tierra estaba enamoradísima. Y el Cielo también. En aquel exacto segundo en que todo esto y más, mucho, mucho más, más contemplaban como nacías otra vez.

Los cuentos del destino 21


III La Emperatriz

La Tierra enamoradísima.



La Tierra estaba enamoradísima.

Su luz henchía el cielo iluminando la luna el sol los astros.

Bastaba contemplar por una milésima de segundo cómo crecían los hierbajos plenos. Los gusanos se desternillaban de risa mientras se arrastraban por curvas y pasadizos. Las hormigas danzaban al compás de la alegría de las hierbas y las carcajadas. Las flores, las flores también. Cuchicheaban mimosas al sol mientras las mariposas susurraban entre ellas cantando algo sobre las hormigas.

El viento acariciaba a unos y a otros con brisas que los árboles agitaban y lanzaban al mar imperioso de espumas. A las montañas se les derretían las nieves de tanto gusto salado y otras se abrigaban en ella (ya que cada cual es diferente).

Al mirarlo y al sentirlo aquello parecía un cuadro de Van Gogh donde cada trazo respiraba a pleno pulmón y se agitaba y se estremecía.

La Tierra estaba enamoradísima.

Su corazón repleto de ideas inalcanzables para la mente.

Cada pincelada de cada cuadro del mundo y de la historia se escapa en algarabía de los marcos para mezclarse en las casas, sus fachadas, techos, suelos y paredes. Animales y humanos retozaban y se henchían de sexo y amor en frenesíes incontenibles en casas de colores. Los libros también agitaban sus páginas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda formando remolinos cosquillosos en el centro. Las palabras saltaban en traviesos pas de deux y se iban de paseo para volver a contarle a las blancas páginas las maravillas que habían visto en abrazos amorosos. A veces, a veces, los colores, las nieves, la sal y el viento junto con las flores, mariposas, hormigas, gusanos y hierbajos se entrometían entre las frases y los párrafos.

La Tierra estaba enamoradísima.

El mundo tomaba cuerpo y sentidos.

Todos los bebés de todas las criaturas terrestres sentían cosquillas, cosquillitas, cosquillas de hierbajos, de pinceladas, de plumas y de hormigas. Los pájaros no dejaban de dibujar grandes elipsis y figuras únicas. Los peces subían a las superficies de las aguas para besarles cuando planeaban en vuelo rasante hacia todos los rincones, hacia los campos, montañas, desiertos y las ciudades. Los instrumentos y las notas musicales de todas las partituras, orquestras y salas de concierto interpretaban todas las obras de la historia musical. Los semáforos centelleaban al compás.

La Tierra estaba enamoradísima.

El espíritu se encarnaba.

El sol, la luna, las estrellas y los planetas giraban mareados de felicidad a su alrededor. Las nubes, la lluvia, el granizo y el calor; la humedad, la sequía y las tempestades se emborrachaban de besos. Unos y otros, otros y unos en absoluta dicha de estar juntos.

La Tierra estaba enamoradísima. Y el Cielo también.

En aquel exacto segundo en que todo esto y más, mucho, mucho más, más contemplaban como nacías otra vez. 

Los cuentos del destino 20

Hasta que un día, de casualidad, porque a aquella hora no solíamos estar en casa y porque habíamos hecho pellas, oímos una gran discusión entre nuestra madre y la abuela.  Al principio los gritos no nos llamaron la atención porque nuestra familia era muy ruidosa. Mi hermana Victoria fue la que se empeñó en bajar, aunque yo prefería que cogiéramos lo que habíamos venido a buscar e ir a reunirnos con nuestros amigos que nos estaban esperando. Ella insistía. 

He de señalar  que Victoria es una de las cabezotas más perseverantes que he conocido en mi vida. Bajamos. Lo oímos todo. No acudimos al encuentro con nuestros amigos sino que nos fuimos corriendo a nuestro escondite en el bosque a escribir cuanto habíamos oído con total claridad.

Todo esto sucedió mucho tiempo después del cuarto cuento, el que la abuela me contó cuando, precisamente, tenía cuatro años.

Los cuentos del destino 19

Nuestra familia, a excepción de tía Flo  (y tía Matilde por una temporada), estaba compuesta exclusivamente por mujeres. El tío Matildo, como lo llamábamos, un buen día desapareció y a pesar de todo cuanto se hiciera por animarla, la tía Matilde lloró durante un año lunar entero. El marido de tía Flo, el mago, fue el único hombre presente en nuestra casa. Con todo a él también a veces le daba por desaparecer y luego aparecía como en uno de sus trucos, pero siempre era bien recibido. Tía Flo era feliz.  Nuestra familia estaba integrada por una gran cantidad de personas. Éramos una enorme cantidad de niños que corríamos por los pasillos de las casas y los jardines. Recuerdo que cuando íbamos a visitar a otras partes de la familia, incluso me sorprendía ver a tantos hombres.

En silencio mi hermana y yo buscamos información al respecto durante toda nuestra adolescencia. Fue relativamente fácil dar con la historia de la Primera Maga. A parte de una desgraciada historia de amor y una profecía que ya conocíamos, no hubo novedades reveladoras.

 A lo largo de nuestras investigaciones sólo dimos con algunos puntos coincidentes. Todos conducían a mujeres que se quedaban solas por uno u otro motivo. Los hombres o bien desaparecían, eran prácticamente tragados por Saturno, o bien eran intermitentes, como si se tratara más bien de un truco de magia que de una persona real. Victoria insistía, como siempre, en que si yo era la continuadora que rompería con la tradición, debería hacerlo cuanto antes porque ella quería enamorarse y vivir en pareja. 

En realidad era la única que veía algo de positivo en mi sospechada futura traición. “Ya verás, me decía, seremos felices como cualquier mujer aunque no podamos hacer ni un truquito de los nuestros, pero no importa porque seremos mujeres felices y tendremos un compañero de vida, a parte de tenernos la una a la otra, claro.”  Se nos predecía en nuestros caminos dos amores a cada una y el segundo sería el que tendría éxito aunque fuera menos importante que el primero. 

Victoria formaría familia con un hombre del desierto y yo con uno de un país frío, nos había dicho la abuela. El de Victoria sería mayor que ella y en cambio, el mío sería menor que yo.  Tanto a Victoria como a mí todo aquello nos daba la risa y mucho morbo. Aún no podíamos imaginarnos dejando pasar a los grandes amores de nuestras vidas para tiempo después formar familia con otras personas a las que amaríamos con todo nuestro ser, pero sabiendo haber dejado que nuestros medio cielos se alejaran de nuestras vidas.

 Además de estos descubrimientos sobre la soledad de las mujeres de nuestra parte de la familia, notábamos que el poder de cada generación también iba disminuyendo. No se trataba de una información concreta, sino de una sensación. Podíamos interactuar con el orden Universal tanto cuanto lo habían hecho nuestras predecesoras. Sin embargo había algo que se iba escapando. 

Ambas tuvimos la misma sensación, exactamente al mismo momento. ¡Y entre nosotras no podíamos leernos la mente! Efectivamente, a pesar de todos nuestros experimentos entre nosotras este poder se anulaba aún sin protegernos con el círculo mágico, sin que hiciéramos nada. El hecho singular de que sin evidencias ambas tuviéramos la misma intuición con respecto a una idéntica cuestión al mismo tiempo, nos abría un camino. Por aquel entonces no supimos cómo aprovecharnos de esa posibilidad.

Oren Lavie: Her morning elegance

Como siempre gracias a LAS MUSAS descubro música maravillosa. En su blog han posteado sobre OREN LAVIE




Desayuno

Olvido el destino
saboreando bocaditos de eternidad
durante mi desayuno
y un vaso de zumo de naranja
y una tostada con mantequilla
y café miel de pereza
el sol en mi boca
robado al cielo 
mientras un minotauro me espía 
en su memoria de laberinto 
Él no olvida
y yo suspiro
como si la muerte fuera vida

Las suertes de Aladino

“Érase una vez en la capital de un lejano reino muy rico y de vasto territorio, había un sastre llamado Mustafá, pobre en extremo y cuyo trabajo apenas le daba para mantener a su mujer y a un solo hijo que tenía. Aladino, tal era el nombre del hijo del sastre, se había educado en el más completo abandono, y por lo tanto adolecía de grandes defectos y de perversas inclinaciones. Desobediente a sus padres y aficionado a la holgazanería, pasaba los días enteros fuera de su casa, jugando en las calles con vagabundos de su edad y de su especie.”

Entremos en el mundo de este “érase una vez”. No se trata de cualquier lugar sino de un gran territorio muy rico. Podemos imaginar sus praderas siempre verdes, sus majestuosas montañas, lagos, ríos y mares cristalinos que regalan sus peces a quienes quieran. En tierras así las flores se mezclan en los huertos con las más sabrosas frutas y verduras. Las ciudades bullen de animación. En un rico y vasto territorio hay lugar para todos y todos pueden ser felices. Sin embargo…

A veces podemos encontrarnos en el mejor de los lugares y no tener suerte. Como si pasara para los demás menos para uno. Hacemos las cosas de la mejor manera, nos esforzamos, damos todo lo que podemos y sin embargo…

El sastre Mustafá evidentemente se encontraba en una desdichada situación. Podemos imaginar una ciudad rica y llena de oportunidades menos para Mustafá. ¿Por qué sería? ¿Acaso nadie compraba trajes nuevos? ¿Tal vez ya no se confiaba en los sastres? ¿Iban todos desnudos? No, no creo…

Quizás no acertemos con la causa aunque podemos imaginarlas. Lo cierto es que a veces parece que la fortuna sonríe a todos cuantos están a nuestro alrededor menos a nosotros. Vemos como gente “que no se lo merece” tiene más suerte que nosotros. A los demás parece irles bastante bien o mejor que a nosotros en un vasto y rico territorio que se nos antoja lejano y sobretodo ajeno.Y sin embargo seguimos esperando. ¿Qué esperaría Mustafá, el sastre, puntada tras puntada?

Parece que su hijo Aladino lo tenía aún peor puesto que “…se había educado en el más completo abandono…” Natural. Cuando falta el pan la desesperación se va adueñando del espacio que queda vacío. Muy probablemente su padre y su madre no tenían más atención que para cuanto les faltaba. Seguramente sus ojos se volvieron tristes. Cuando Aladino era pequeño no pudieron prestarle atención y el niño creció a su aire. Creció y creció sin cuidados hasta convertirse en un bala perdida. Efectivamente: “… y por lo tanto adolecía de grandes defectos y de perversas inclinaciones.”

No sólo era pobre, sino que estaba descuidado y además estaba perdido para recuperarse si hubiera alguna posibilidad. Estamos frente a un gran perdedor, un perdedor esencial sin vías de recuperación. Si esto no es mala suerte… ¿qué más nos queda?

Aladino es un niño abandonado en un laberinto sin salida. Imposible que tenga suerte, ¿verdad? Y sin embargo… sabemos que la tendrá porque se trata de un cuento conocido. ¿Pero cómo? ¡Ah! Para eso queda mucho cuento…

Cuando creemos que no tenemos suerte nos sentimos un poco como Aladino, un niño abandonado. ¿Por qué a mí no? ¿Por qué yo? Pero hay una parte de nosotros que sabe que el cuento continuará y que este niño abandonado tendrá suerte. Pues entonces se lo hemos de hacer saber.

Suerte

Compartir la buena suerte
alimenta a las estrellas
Compartir la mala suerte
alimenta al corazón

Con c de crisis

Encontrando luz

Durante una crisis, del tipo que sea, pasamos por un túnel en el que parece no haber ni una pequeña lucecita. Además son épocas más dolorosas por la soledad que las acompaña. No sólo se pierden cosas. Se pierden personas a quienes se quería y con ellas un trozo de nuestro corazón. También perdemos la conciencia sobre nuestra identidad. Es como si nos olvidáramos de quiénes somos. No es nada fácil. Mucha gente tiene pequeñas lecciones que darnos, pocas tienden una mano, no una solución sino una mano. Mucha gente dice que te la da, pero notarás que no es cierto. Discriminar éstas y otras cuestiones mientras una parte de ti se derrumba no es fácil.

Me gustaría sugerir algunas técnicas, pequeñas, sencillas y de fácil aplicación que pueden ayudar un poquito. La crisis hay que pasarla. Y con todo lo que implica se puede ir aprovechando en algún sentido enriquecedor inmediato.

La siguiente técnica es una manera fácil de reconocer nuestras capacidades cuando no las recordamos o cuando creemos, heridos mortalmente por la crisis, que "no hay nada o lo que hay no es mucho, total, es muy normal".

Toma un trozo de papel. Dibuja un círculo en el centro. Y dentro de dicho círculo escribe el nombre de alguien que te encanta, pero mucho, mucho, mucho. Alrededor del círculo traza cinco líneas. Y en cada una de ellas has de escribir lo que te encanta de esa persona. Pueden ser cinco adjetivos- mejor- o cinco frases que describan dichas cualidades.

Esa persona no solamente es una buena percha para tales cualidades, sino que es la mejor percha para tales cualidades. Luego, borra ese nombre o táchalo y escribe el tuyo. Porque en realidad estamos hablando de nosotros mismos. Esa persona tiene y ostenta esas cualidades, sin lugar a dudas. Nosotros podemos verlas y reconocerlas fuera porque las tenemos dentro, en caso contrario no las veríamos.

Los humanos tenemos grandes limitaciones y una de tantas es vernos al completo. Pero Jung, el psicólogo humanista, descubrió y desarrolló fehacientemente la teoría de la sombra que contiene pequeñas técnicas que pueden ayudarnos a ver un poco más. Es como si una serie concreta de situaciones o personas nos sirvieran de espejo y pudiéramos vernos mejor. Verse nos libera. No es una cuestión de premios y castigos. Verse es simplemente eso: ver, observar y nada más.

Suelo dar un ejemplo bastante esclarecedor para ilustrar esto. Si nos vemos con dos manos o dos ojos, etc, no nos damos un Oscar por ello ni nos damos latigazos. Tenemos dos manos, las vemos, las reconocemos y las utilizamos. Podemos incluso dar las gracias por ellas, por tenerlas. Una vez que sabemos que las tenemos podremos saber la enorme infinidad de cosas que podemos hacer con ellas: abrirlas, cerrarlas, saludar, acariciar, coser, aplaudir, cocinar, batir, sujetar, entrelazar, golpear, oprimir, etc, etc. Y decidiremos a lo largo de la vida cuándo utilizarlas de una manera o de otra.

Lo mismo sucede cuando descubrimos, por ejemplo, que somos innovadores o luchadores o simpáticos, agradables, valientes, cálidos, etc, etc etc. Son nuestras mejores herramientas para seguir adelante. Como las manos. Mejor será utilizarlas. Como las manos. Y mejor saber que existen que negarlas. Como las manos. A nadie con dos manos se le ocurriría decir que no las tiene.

Es importante que sepas que no sirve escribir el nombre de cualquier persona. Tiene que ser alguien que te encanta y mucho, si no el espejo no existe. Incluso no tiene que ser alguien que te encante en su totalidad, puede ser alguien que te encante por determinadas características. Si no se te ocurre nadie, puedes probar con alguien de quien te hayas enamorado (el mayor encantamiento de todos) y en aquel entonces veías determinadas características muy positivas en esa persona. Esas son las que te interesan. O si tienes animales y les admiras por algo en concreto, también sirve perfectamente.

Busca tu espejo para que te desvele lo hermoso que hay en ti. Puede ayudarte a transitar una crisis. Cuando te recuperes un poco, ya trataremos tu lado más oscuro. Ahora no es el momento. Ahora necesitas luz para transitar el túnel. Cuando tengas la luz, podrás ver más cosas con claridad.

Sammy Davis Jr. : Medley

y XXI... preguntas y más preguntas

¿Recuerdas algún sueño que te haya impactado? Tal vez sólo uno o quizás más. Si has soñado al menos una vez en toda tu vida ya es suficiente prueba de que tu inconsciente quiere comunicarse contigo y lo hace. ¿Se lo vas a negar? ¡Ah! Entonces a lo mejor crees que puedes controlar el inconsciente y que puedes ser más fuerte que él.

Estás encarnando la eterna lucha del hombre contra la naturaleza. Tal vez sueñes con grandes carreteras en el Amazonas o con un mirador para observar de cerca un volcán en erupción o con un sistema para hacer surf sobre una ola de un tsunami. No son locuras mías, hay gente que lo ha intentado; pero la naturaleza es siempre más fuerte que el hombre: no hemos sido nosotros quienes hemos creado este planeta sobre el cual vivimos.

¿Pero qué sentido podría tener negar el inconsciente? Que existe lo sabemos, se trata de algo evidente. Vivimos rodeados de sueños: Hollywood, Bollywood, la publicidad, el amor que esperamos, el trabajo que queremos hacer y que creemos que nos realizará, la salud que necesitamos y que hemos perdido, los hijos que anhelamos... ¿Hay alguna diferencia entre soñar despiertos y soñar dormidos? ¿Cuál?

Preguntando XX

¿Razón o intuición?

Hace muchos siglos que la cultura occidental vive bajo los designios del pensamiento racional. Pero antes, mucho antes de que se intentara dar una respuesta sistemática al primer porqué, según se sabe, nuestro pensamiento se relacionaba de otra manera con la realidad.

Parece que en la actualidad hay una fuerte corriente popular que nos llama a prestar un poco más de atención a lo no racional. ¿Se trata de elegir una u otra opción? Según el Tarot, no.

En el juego de los veintidós arcanos mayores hay un protagonista: el héroe. El héroe somos todos y cada uno de nosotros. Al inicio de su viaje, nuestro héroe es una fuerza vital sagrada, luego habrá de pasar por diferentes experiencias fundamentales y ya al final llegará a ser un ser completo.

En el tarot, esta capacitación se alcanza una vez que una persona ha logrado integrar cada una de sus partes: las malas y las buenas, las crueles y las inocentes, las bellas y las horribles, las luminosas y las claras, la racional y la intuitiva, la sentimental y la sensacionalista, la que enferma y la que cura, la que duele y la alegre, etc., etc.; allí donde la ciencia y la poesía conviven y colaboran entre sí. Es un espacio y un tiempo ocupados por una persona que se ha descubierto a sí misma, sus diferentes aspectos y también su lugar en el mundo; se conoce. ¿Es feliz esta persona? Es muy probable, al menos mucho más feliz que otros. Pero ello no quiere decir que no estará triste o no tendrá miedo. Gozará y padecerá, respetará la vida y la muerte. ¿Feliz? Tendrá muchos momentos de felicidad, sin lugar a dudas. Lo que es seguro es que se sentirá entero pase lo que pase.

El Tarot nos comunica un saber que durante mucho tiempo ha debido permanecer oculto. En deferentes etapas de la historia ha sido prohibido, periodos en los cuales el dogma imperante no lo veía con buenos ojos. De ahí arranca en parte el halo de misterio en el cual se ha visto rodeado. Como otros sistemas simplemente nos proporciona una manera de dar palabras a nuestro inconsciente y a nuestra alma, que necesitan ser tenidos en cuenta y escuchados sea a través de los sueños o de otras maneras.

All that jazz: Jagger and Gideon

All that jazz: Air-otica

Relóticos: cuentos pequeños para gente grande V

Diabluras de San Valentín...

Soledad

A las 20:05 tenía el vuelo. Ya había acabado de hacer la maleta, todo estaba en perfecto orden. Él se fue. Llegó, me besó, me tomó por la cintura, puso su mano en mi vagina, me dio la vuelta y abrí las piernas para que me penetrara. Me acarició como si le perteneciera mi cuerpo que respondía furioso a cada estímulo. Y se fue. Yo me quedé frente a la pared blanca de mi cama con el recuerdo, masturbándome constantemente húmeda.

Tenía el vuelo dentro de 3 horas. Sólo me quedaban quince minutos para salir. Sólo era cuestión de ducharme y vestirme en cinco minutos, me maquillaría en el taxi. Me puse una falda de satin y una camiseta de tirantes de algodón que cubría casi la mitad de mis pechos. Cuando me di cuenta de que salía sin braguitas volví a excitarme.

Él notó algo. Al verlo sólo pensé en cómo me penetraría. Mientras avanzaba la cola del embarque  tenía tiempo para imaginar lo que deseaba y sentir cómo mis pezones se endurecían. Me giré y le pregunté la hora para mirar su bulto a través de los pantalones. Dejé caer algo. Nada elegante, lo sé, pero lo suficientemente explícito. Casi podía tocarle, así que tropecé un paso hacia atrás. Sus manos se posaron justo donde yo había calculado.

Facturé mis maletas y él lo hizo a continuación. Le esperé. Me siguió. Me alcanzó e intentó abrazarme, no se lo permití. Coloqué su mano al final de mi espalda y levanté el pompis mientras me acercaba a lamerle el cuello. Me separé. Me puse a caminar más aprisa para sobornar su deseo desde atrás. Esta vez no me adelantó. Abrí una puerta, otra puerta. Atravesé el espacio, era el lavabo de hombres. Abrí una puerta y le hice entrar. En tanto cerraba  iba deslizando mi boca sobre sus pantalones y desabrochaba el cinturón. Siguió mi ritmo. 

Tenía todo su miembro en mi boca. Estaba tan empapada que necesitaba su pene erecto lo antes posible. Lamía  y chupaba su verga lentamente, me entretenía en la punta. Tenía un pene perfecto para mí. Entonces me levanté, me desnudé y me di la vuelta. Llevé su mano a mi coño depilado y mojado. Puse su mano sobre mi clítoris mientras lo colocaba por detrás con fuerza. Cambié de postura varias veces. Volví a meterme su pene en mi boca, no podía parar de chuparla. Me senté sobre el váter y abrí mis piernas de par en par, quería ver su cara en mi vagina, su lengua entre esos labios. También estimulé mi clítoris mientras él introducía su lengua en mi coño y un par de dedos por detrás. Cuando estaba encima de él, con mis pechos en su boca escuché que anunciaban el embarque del vuelo. Tuve que acabar rápido. 

Él tenía el mismo vuelo que yo, business class además. Cada uno se limpió. Yo me vestí. Él también, claro. A  toda prisa, cada uno frente al espejo.  Yo no hice caso a la gente que entraba. Me parece que salí yo primero. Ya no volví a verlo. En el avión me quedé dormida. Creo que él estaba por detrás. 

Marvin Gaye: Let's get it on

Chorus Line: One (final)

Barbara Streissand + Louis Amstrong: Hello Dolly

Gene Kelly: cantando bajo la lluvia

Los cuentos del destino 18

Cuando había cosas que no se podían entender, la abuela sentenciaba:

 -Un misterio, como en el cuento de la princesa dormida.

Es verdad que bastaba con aquella frase para dar por explicado lo más inaudito, lo que no se podía aceptar ni ilustrar de ningún otro modo. Los misterios tienen su tiempo. Durante mi vida he tenido de la suerte de contemplar muchos misterios y de que me fueran revelados unos pocos, sobretodo el más importante para mí. Pero eso sería cuando hubiera dejado de ser una niña, cuando pudiera demostrar que podía convivir con los misterios sin hacer muchas preguntas, simplemente saboreándolos. Sí, en efecto, los misterios tienen sabor, una cierta textura densa, son aterciopelados y tan existentes como la futilidad. Hay muchos más de cuantos reconocemos. La abuela nos hacía guardar al menos un misterio diario en nuestros cofres personales. No podíamos contárnoslos, si bien con mi hermana alguna vez rompimos esa ley, pero entre hermanas estaba casi permitido porque ella también sería una maga, una bruja.

Lo de guardar misterios es una costumbre que no hemos abandonado. Será por el gusto de compartirlos en secreto, de esconder algunos de ellos incluso, de provocarnos entre las mujeres de la familia con miradas picantes. A veces por el simple gusto de desafiar nuestros poderes entre nosotras mismas... y quien adivina, se queda con el misterio aunque puede regalarlo en un acto de dulce magnanimidad y devolverlo a su dueño original. Más allá de esos momentos de travesuras, guardar misterios puede resultar apasionante. Basta tener un pequeño cofre de madera. Es muy importante que sea de madera puesto que es un elemento que protege de las energías indeseadas. Dentro del cofre puedes poner alguna flor, es especialmente indicado el jazmín, o en su defecto la esencia de jazmín, son suficientes unas gotitas. No hay que olvidar el cuarzo blanco debidamente energetizado.

Apunta aquello que no logras comprender en un trozo de papel blanco. Procura que su textura te sea agradable, escribe con un lápiz o con tu pluma preferida. ¡Nada de rotuladores ni bolígrafos! ¡Necesitarás miel, se me olvidaba! Mójate los labios con la miel, entonces y sólo entonces toma el papel y escribe en él aquello que se escapa a tu comprensión. Puede ser algo trascendental en tu vida o algo menor, lo importante es que te preocupa y no puedes entenderlo por más que lo intentes, por más vueltas que le des, por más paciencia que le pongas. Escríbelo y mientras lo haces pronúncialo sintiendo la miel en tus labios. Guárdalo en tu cofre. Allí descansará el misterio. Todos los misterios tienen su tiempo, respétalo.

Mientras tanto  puedes imaginarte en el rol de la protagonista del cuento, puedes hablar con la Papisa y pedirle consejo.

Los cuentos del destino 17

¿Qué tal te llevas con los misterios? ¿Eres impaciente, te dejas seducir, te encanta la espera, no paras hasta saber el porqué de las cosas...? Mientras el Mago cree que puede dilucidarlo todo con su gran energía transformadora, la Papisa es muy diferente, es como la princesa dormida. Dormir no implica inactividad sino un tipo de actividad muy diferente. Cuando dormimos nos movemos, soñamos, algunos hablan... pasan muchas cosas mientras dormimos, nuestro cuerpo se relaja, los órganos internos no dejan de funcionar sino que lo hacen de otra manera. ¿Cómo se ve el mundo desde esta aparente inactividad? ¿Y desde los  sueños? Fijémonos una vez más en cuántas cosas ocurren mientras la princesa duerme. Puede que sea ése precisamente el mundo con el que conectamos mientras dormimos. ¿Sería posible? Quien lo sabrá es el niño que  jugaba con ella y que la escuchó. Podríamos preguntárselo... También podríamos preguntarle a cualquier niño pequeño de menos de 7 años cuántas cosas ocurren mientras dormimos. Pruébalo. Te sorprenderás de cuántas respuestas interesantes se pueden obtener.

 Baja una vez más por las escaleras del ejercicio de relajación que te mencionáramos en la entrega número 6 y ve al encuentro de la Papisa. ¿Cómo ves los misterios de tu vida desde allí? ¿Se ve algo? ¿Qué te sugiere cuando le preguntas sobre algo que no acabas de entender? ¿Conoce ella acaso más misterios en tu vida de los que tú reconoces? Puedes preguntarle a qué saben los misterios, qué color tienen, qué textura, qué perfume tienen los misterios...


Los cuentos del destino 16


II La Papisa

La princesa dormida




Sucedió casi como en muchos cuentos: la princesa se quedó dormida.

La corte estaba atónita ya que no recordaban la visita de ninguna malvada bruja, ni tenían noticia de ninguna maldición ni de ningún conjuro oscuro. Sucedió en la más absoluta normalidad.

Quizás la princesa se hubiese mostrado más cansada, pero los sabios y médicos aseveraban que gozaba de perfecta salud.

Quizás hubiese acudido menos a los banquetes y festejos, pero se debía a su cansancio, sin lugar a dudas.

Quizás se la hubiese visto menos en los salones y más por los bosques, pero era porque trasnochaba menos, seguramente.

Quizás se hubiese detenido en más de una ocasión frente a su ventana al atardecer, pero se debía a su amor por el bosque, desde luego.

Quizás...

La realidad era que los encajes y magníficos bordados, la lira y los libros de poesía, los regios tocados, los mejores juglares y los príncipes que solían cortejarla habían dejado de interesarle misteriosamente. Sin embargo parecía apacible. Lo cierto, lo único cierto, es que se había quedado completamente dormida y nadie podía explicárselo con total satisfacción.

En la corte se rememoraron todos los cuentos. Se hicieron traer otros de países lejanos esperando encontrar un secreto que la devolviese a sus hábitos. Acudieron bravos guerreros, valientes príncipes, trovadores, monjes, magas sabias y alquimistas. Se trajeron caricias de los rincones más exóticos, poesía y conjuros. Pero nada, la princesa seguía dormida con una cálida sonrisa (a veces inquietante, otras, atractiva, por cierto).

Hasta que un día alguien dio con el secreto. ¡Sí: un misterio!

Aquella respuesta satisfizo a todos. Entonces la corte volvió a su ritmo habitual, a las esperas y las llegadas, a las fiestas, los días de mercado y a los días de caza. Los niños jugaban haciendo ruido otra vez y les divertía especialmente correr y armar barullo a su alrededor. Les gustaba también peinarla y acariciarla, así como escuchar su corazón que latía al ritmo de las campanas de las iglesias.

Así estaban los niños con sus travesuras, jugando, cuando la niña que apoyaba la orejita sobre el pecho de la princesa dormida escuchó algo diferente. ¡Qué divertido! Y todos los demás se agolparon para también poder escuchar aquello.

Cuando lo refirieron nadie les creyó porque, simplemente, los misterios no hablan. Podemos suponer que los niños continuaron con sus juegos y travesuras junto a la princesa.

Exactamente fue eso lo que hicieron ante la indiferencia de los demás que seguían inmersos en su ritmo habitual. Los niños continuaron escuchando. Eran palabras y luego frases y ¡cuentos! Cuentos fantásticos que les hicieron abandonar sus juegos para pasarse horas y horas con aquellos relatos maravillosos. Algunas madres empezaron a preocuparse cuando muchos niños comenzaron a llegar tarde a la mesa, o cuando estaban aún muy dormidos por las mañanas.

Sin embargo así pasaron mil y un días. O mejor dicho: mil y una noches de la princesa que dormía. Y solamente fueron mil y una porque a la mil y dos la princesa despertó rodeada de niños que gritaban de alegría. Acudió toda la corte en algarabía y hubo grandes festejos.

Todo volvió a la normalidad, bueno, es un decir. La princesa se volvió, por lo que se decía, más silenciosa y algo excéntrica o quizás un poco... ¿afín a las paradojas? Mandó construir una mesa redonda para sus aposentos y se rodeó de ciertas rarezas como una rueca, una manzana, una pequeña capa roja con caperuza, un gato al que vistió con botas. ¡También pidió al pastelero real que elaborara una casita de dulces y chocolate (que nadie podía tocar, muy a pesar de los niños). Bajaba periódicamente a las cocinas reales pidiendo habichuelas que colocaba cuidadosamente en una bolsita de terciopelo rojo. Allí no acabó todo, no.  Ella persistía en sus deseos de manera dulce y lenta con un amor y una paciencia a los que resultaba casi imposible resistirse. Ordenó a los jardineros que construyeran un lago frente a su ventana y allí mandó poner un cisne negro... Lo más extraño es que hablaba con aquellos seres y con aquellos objetos así como con los veintidós cuadros que adornaban su ya inmensa estancia.

¡Y además contaba cuentos! (pero sólo a quienes se lo solicitaban desde el corazón). Es bien sabido que las princesas no lo hacen, las princesas no cuentan cuentos, es exclusiva labor de juglares, locos y charlatanes.

Sí: un misterio. Aquella respuesta satisfizo a todos.

El río

 
La lluvia desciende por mi ombligo 
hace siglos y miles de años
buscando el perdón, lavando mi alma
creando ríos que nacen montañas
musgo abrazando flores pequeñas
árboles en bosques de  encrucijadas
El río mana y mana su vida
mana el aire y se enreda a los pájaros
que se lo llevan lejos con su sonrisa tibia
como los más dulces bárbaros
El río busca su cauce
se enreda en un lago
mientras pregunta
al búho vago 
que todo oculta
en la noche final
Insiste pertinaz
no responden las piedras
ni la secreta hiedra 
ni el pez helado ni el manantial
El río quisiera ser río
o quizás mar
el frío  llega sin avisar
y le sopla al oído
congelándolo en un olvido
Y por él pasaron
dinosaurios y estrellas
perdidos y desesperados
Pasaron los hombres
Pasaron mujeres
Hasta hoy que  se funde
sin saber quién fue
abrazado de calor maldito
evaporándose
al aliento de un mendigo


C de crisis: That's life por Frank Sinatra

Hay canciones que lo dicen todo porque son pura poesía. Este fue uno de los tantos éxitos de Frank Sinatra que como pocos podía interpretar una canción como de este calibre porque le hablaba de su vida que no fue tan fácil como parece. Así que aquí va con la letra original y mi  traducción.






That's life, that's what all the people say. /Es la vida, es lo que la gente dice
You're riding high in April, /Te va todo de maravilla en Abril
Shot down in May   /Derrumbado en mayo
But I know I'm gonna change that tune, /Pero yo sé que voy a cambiar el tono
When I'm back on top, back on top in June. /Cuando esté arriba otra vez, arriba otra vez en Junio

I said that's life, and as funny as it may seem/ Yo digo: -¡Es la vida! y tan raro y divertido como suene
Some people get their kicks,/ Alguna gente lo consigue
Stompin' on a dream/ pisando fuerte sobre los sueños
But I don't let it, let it get me down/ Pero yo no lo permito, no permiten que me tiren abajo
'Cause this fine ol' world it keeps spinning around/  porque este viejo querido mundo sigue girando y girando

I've been a puppet, a pauper, a pirate,/ He sido marioneta, pobre, pirata
A poet, a pawn and a king./ poeta, peón y rey
I've been up and down and over and out/ he estado arriba y abajo, sobre y fuera
And I know one thing:/y sé una cosa
Each time I find myself, flat on my face,/ cada vez me he encontrado de bruces sobre el suelo
I pick myself up and get back in the race./ me levanto y me ubico otra vez en la carrera

That's life / Es la vida
I tell ya, I can't deny it,/ Te lo digo, no puedo negarlo
I thought of quitting baby,/ He pensado dejarlo, cielo
But my heart just ain't gonna buy it./ pero mi corazón no se lo traga
And if I didn't think it was worth one single try,/ Y si no hubiera creído que valía la pena intentarlo
I'd jump right on a big bird and then I'd fly/ Saltaría sobre un pájaro y volaría

I've been a puppet, a pauper, a pirate,/ He sido marioneta, pobre, pirata
A poet, a pawn and a king./ poeta, peón y rey
I've been up and down and over and out/ he estado arriba y abajo, sobre y fuera
And I know one thing:/y sé una cosa
Each time I find myself, flat on my face,/ cada vez me he encontrado de bruces sobre el suelo
I pick myself up and get back in the race./ me levanto y me ubico otra vez en la carrera

That's life/ Es la vida
That's life and I can't deny it/ Es la vida y no puedo negarlo
Many times I thought of cutting out/ Muchas veces pensé en quitarme del medio
But my heart won't buy it/ pero mi corazón no se lo tragó
But if there's nothing shakin' come this here july/ Pero si no pasa nada ya llega Julio
I'm gonna roll myself up in a big ball and die/ voy a colarme en un gran baile y morir
My, My / Vaya, vaya

Preguntando XIX

Así que nuestros sueños habitan en lo más profundos de las aguas y no de cualquiera sino del mar, en el fondo del mar, no en un lago donde estarían encerrados y de allí podemos recuperarlos. Sólo mediante el diálogo simbólico recuperaremos una parte de nuestro ser del olvido.
A este propósito me gustaría citar las palabras de Clarissa Pinkola Estés, terapeuta junguiana que ha trabajado exhaustivamente el terreno de lo simbólico, y que se encuentran en su libro Mujeres que corren con lobos:

“¿Cómo se evoca el alma? Hay muchas maneras: por medio de la meditación o con los ritmos de la carrera, el tambor, el canto, la escritura, la composición musical, las visiones hermosas, la plegaria, la contemplación, el rito y los rituales, el silencio, el lenguaje simbólico en definitiva e incluso los estados de ánimo y las ideas que nos fascinan. Todas estas cosas son llamadas psíquicas y hacen salir al alma de su morada.”

Es imposible recuperarlo todo, como vivirlo o ser consientes de la eternidad. No para los mortales. No debemos preocuparnos de correr el riesgo de volver al tiempo en el que los mortales sólo vivían de día y perdían sus recuerdos. Así mismo no nos ha de quitar el sueño la posibilidad de ahogarnos en la oscuridad. Sólo sabemos que ahora los humanos estamos hechos de vigilia y sueño así como de todos los espacios y tiempos entre ambos.

Podemos dar la bienvenida al mundo de los sueños para recuperarnos desde cuanto hemos querido vivir y que se nos ha olvidado. El Tarot es una brújula de presición, nos orienta en los viajes hacia otras orillas para que no nos perdamos en el ancho, profundo y oscuro fondo del mar.

My brightest diamond: From the top of the world


My Brightest Diamond - From the Top of the World from Asthmatic Kitty on Vimeo.