Cierra la puerta y las ventanas, que no entren corrientes, nada. Guardemos las flores de las tormentas. Cobijemos los sueños de los errores. Alberguemos los rayos de sol para que mi mirada brille en esplendores. Quiero ser un arca de Noé para que en mí vivan libres los leones mientras las hormigas conversen con las jirafas lejanas y el puercoespín duerma inocente como una mariposa.No me hables de inundaciones ni estertores. Sólo quiero agua para mis elefantes y aire para mis águilas y que me lleven lejos en su mirada aunque no salgamos nunca de esta barca.
Pasan cosas
A veces se me olvida cómo encender una cerilla, hacer el café o dibujar un pájaro o un caballo. Las cerillas pueden acabar en el café volando. Los fuegos artificiales no echan chispas, no me despierto por las mañanas y aparecen peces en los flancos de mis páginas. Oigo trotes decisivos que no puedo identificar... A veces en mi rescate vienen los bigotes de un gato, erizan mi piel y me recuerdan dónde estoy. No suele ocurrir cada día, pues hasta eso se me olvida.
Olvidarlo todo es un sueño de un vacío lejano que no sabe que es vacío ni añora lo lleno por lejano. Recordar nada es la brisa de un pasado compasivo que no sabe lo que fue y no exige nada ya de un futuro.
A veces se me olvida lo que he soñado y otras, lo que he vivido. Entonces me paso buscando qué quiero, de dónde vengo y esas cosas. Intento encender cerillas para ver el camino. Pruebo saborear una pausa de café. O ya cansada planeo huir sobre un águila o Pegaso. Y se me olvida. Pero aún siento los ronroneos de los gatos cuando me acarician con sus bigotes como si fuera un dulce eco de gotas de lluvia que laten muy despacio y me recuerdan algo que ya no sé nombrar.
Cosas que pasan
En la mesilla de noche tengo un par de libros, de dual lectura; unos pendientes perdidos; el móvil descargado, recuerdos de donde vengo y una ballena en un vaso de agua. Ambas confiamos encontrar otros mares, ambas nos encerramos y nos ahogamos, ambas nos cansamos por la falta de espacio y no vemos más salidas... Quizás deberíamos ser pájaros.
Cuando nos despertamos lo primero que vemos es a la otra y a nosotras y entonces soñamos con otros cielos y estrellas, con mariposas y gatos. Yo doy vueltas en la cama y ella, en su vaso. Nos sumergimos en la oscuridad de nuestros ojos cerrados y así nos encontramos en paz desafiando terremotos pasados. Ya no dejamos que nadie nos vea pues suelen juzgarnos otros tantos pájaros enjaulados y ciervos cazados.
Hasta que un día, de repente, suceden terribles tormentas y nos encontramos todos: pájaros, mariposas, ballenas, ciervos, humanos y gatos sin saber nadar en busca de orillas seguras donde afincarnos, pasmados ante las estrellas como si nuestra vida se fuera con ellas.
lágrimas
las lágrimas que caen y no vuelven
aunque se van porque duelen
buscan la felicidad cerca o lejos
total nadie las echa de menos
se marchan juntas en silencio
hasta los ríos y los mares
todas son únicas y dispares
pero no comparan sus pesos
las de Irak, de París o Buenos Aires
con sabor a sangre, llanura o desierto
se abrazan y reconocen
en un mismo pecado primigenio
se escapan y se esconden pocas
en las semillas de las sandías
o en las de las fresas
en las comisuras de las bocas
cuando se besan de pasión locas
otras y algunas buscan el rocío
o descansan hasta que cierre mal el grifo
ya ves, nos rodean o nos abrazan
nos inundan o amenazan
así que no hay motivo
para que te escondas
porque atenazan
son lágrimas
como las de Cristo
son lágrimas
Dios mío.
Para P.
Te busco en mi presente y te encuentro
Envuelto en una nube de recuerdos
Te dibujo en el aire, en el agua, en mi tierra
Y sólo hay imágenes con aliento de fuego
Te canto casi en silencio
Porque eres mi secreto
Y yo el tuyo
En nuestro olvido que es inmenso
Mientras pensamos en ausencias, sabemos
Que pasarán las guerras y las hambrunas
En Madrid, los atentados
Escándalos financieros
Y una crisis manchada de ignorancia
Un ciclón, la nieve, aguaceros
Y que no hubo nada más verdadero
Que se prenda a la cola de una nube
Para irse lejos
Y derramar en tu mundo la lluvia fina
De mis besos
Diapositivas: Turquesa
II
Turquesa
Fondo negro. Ojos que parpadean y ojos amarillos de gato. Muchos.
Y más.
Desde allí aparece una pequeña niña.
Está de pie sobre algo que gira.
Ella es muy pequeña.
Sólo da vueltas y vueltas impelidas.
Lleva un disfraz,
es un vestido atemporal
azul turquesa vivo con lunares rosa chillón rodeado de blondas caprichosas.
También lleva un sombrero sencillo cubierto de flores infantiles.
Dos trenzas con sendos lazos también turquesa,
medias blancas y gruesas que acaban en unos
zapatitos de charol opacos.
Da vueltas como las bailarinas de roídas cajas musicales.
Los giros vienen hacia aquí
La acercan hasta que se ve su cara:
Es una niña embalsamada
Porcelana que abre y cierra sus párpados avisándonos que se va a romper,
Se va a romper,
¡Es urgente, urgente!
¡Desde dentro estallará ya!
Pulverizándose sobre la pantalla en millones de trocitos aún más pequeños que ella.
No sé si duele, pero infunde un horror primigenio.
Diapositivas: Morado
I
Morado
Aquí sentada frente al mar, inerte frente al ir y venir de las olas.
Es un mar tranquilo de cuna y madre.
Entre las olas y yo,
un trozo rectangular de arena brillante,
un trozo de cielo refulgente
y decenas de pequeños pájaros blancos y verdes que cruzan de oeste a este.
Yo estoy sentada en una silla que me pertenece.
Es de hierros oxidados que envuelven mi tórax desnudo como un corsé.
Por lo demás
llevo el pelo largo y suelto,
una falda roja
que descansa sobre mí
como yo sobre mi trono y mis pies sobre la arena arden.
Detrás de mí, la legión de mis antepasados grises y silenciosos,
testigos.
Los ojos me queman.
Los pájaros vuelven a cruzarse,
pero sólo alcanzo a ver sus sombras moradas sobre la arena
Amarilla, amarilla.
Cierro los ojos para descansar
Y sentir el calor del sol sobre mi lado derecho.
Por el izquierdo, un persistente viento frío,
la piel de gallina.
La arena dibuja espirales reverberantes con el que me golpean látigos.
Desayuno
El río
Postal desde el frío
XVIII
XVIII
XXIV
Escrito en el viento: la suerte
Entre dos segundos
hay un espacio enorme
para elegir mi suerte
para esperar mi suerte
para desear mi suerte
Y, cómo no,también la tuya.