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Los cuentos del destino 36

Puedes preguntarle al Emperador cómo nombrar las situaciones, pues los nombres dan forma a la realidad y es precisamente eso lo que hace el Emperador de nuestro cuento y el de la carta del Tarot. No olvidemos, sin embargo, que hay más que el nombre de las cosas y es la experiencia de ellas mismas. 

Nombrar es un acto también creativo porque no es suficiente con pensar, analizar. Para hallar el nombre correcto, la palabra que define, será necesario sentir, conectarnos con nuestra parte intuitiva y con nuestras experiencias. El Emperador y la Emperatriz van unidos. Se trata de un orden amoroso, de un nombrar amoroso. El Emperador se ocupa de poner las cosas en su sitio. Con amor. 

Puede suceder que aceptemos  la categorización, algunas estructuras, algunas normas y leyes sin pensarlas, sin digerirlas, y que en lugar de estabilizarnos, nos anquilosen, nos bloqueen. Hay momentos de excepción en los que los “así se ha hecho siempre” no nos sirvan de gran ayuda. ¿Qué le pasará, por ejemplo, a aquel niño al que insistentemente le advertían sobre los extraños cuando crezca y tenga que marcharse a un país extranjero o le toque trabajar con personas de otras culturas? 

El significado está más allá de algunas normas, somos nosotros los que digeriremos las estructuras para cerciorarnos de su utilidad. Los tiempos cambian, las normas también, no todas, algunas se recuperan, otras se modifican, otras siguen perennes.  En un Universo donde todo cambia, nada descansa y todo se mueve se hace necesario revisar los conceptos para descubrir su significado íntimo, su esencia. Eso fue lo que le sucedió a la protagonista del siguiente cuento.

 

Los cuentos del destino 35

Relájate y haz algún pequeño ejercicio de respiración, luego empieza a llamar a las personas que han existido o existen en tu vida, salúdalas y despídete, nombra a cada una de ellas. Nombra tus momentos de felicidad y de tristeza, de miedo y rabia. Simplemente nómbralos, no tienes que hacer nada más. 

No se trata ni de intentar ser positivos ni tampoco de ser negativos, se trata de nombrar.  Tal como señala la gran poeta Alejandra Pizarnik la palabra puede sanar, no porque nos enfurezcamos el mar dejará de existir, ni el mundo tampoco, “...por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.”  

Nombrar es hacer nacer mundos y cantarles, reconocerlos. No por guardarlos en el baúl del silencio forzado dejarán de existir, de esa manera somos nosotros quienes creemos que dejan de existir, es una ilusión bastante fútil. Tanto empeño en acallarlos forzará a que nos asustemos aún más cuando abramos los ojos y nos veamos sorprendidos de ciertas existencias ignotas. Por eso es importante empezar por nombrarlos. Nombrar un fantasma con el debido respeto es invitarle a la luz y apartarlos un poco de la oscuridad, que es el único lugar desde donde pueden asustarnos. No es posible nombrarlo todo porque así lo decidamos, los fantasmas necesitan su tiempo, tanto o más como nosotros.

Los cuentos del destino 34

Este nuevo orden es justamente lo que logramos cuando reconciliamos dos aspectos opuestos internos a partir del encuentro de nuestras partes consciente e inconsciente. Toda la civilización y la cultura nacen en dicho momento también. El Emperador nos ayudará a tomar conciencia de nuestras responsabilidades, a ordenar nuestro jardín para que todas las plantas reciban el cuidado que se merecen, incluso a saber que si quieres tomarte un té, antes es necesario calentar el agua. El orden no significa abrir el paraguas antes de que llueva, sino hacerlo, acaso, después.

Una de las tantas maneras de obtener la ayuda del Emperador consiste en poner nombre a cuanto nos rodea tanto en nuestro mundo exterior como en el interior. Entra en tu cocina, por ejemplo,  y nombra cada una de las cosas que hay allí sin dejarte la más insignificante de ellas. 

Los cuentos del destino 33

Finalmente cuando llegó el año del cuento del Emperador, en casa empezaron a enseñarme a escribir y a leer. También tenía que cuidar mis cosas, mis juguetes y mis libros. Se empezó a establecer un cierto orden, nada dramático ni excesivo para una niña de cinco años (aunque no siempre tuviera yo ganas de ordenar mis juguetes). También empecé a ayudar en la cocina. A mí me encantaba cuando hacíamos pasteles porque a cambio de mis servicios podía lamer el fondo de la fuente y la cuchara de palo. Llegó así mismo la hora de poner los cubiertos en la mesa o los platos... Claro, no siempre me parecía divertido.

La palabra “orden” comenzó a vivir en mi pequeño universo. Y sólo cuando la hubiera comprendido me empezarían a revelar algunas recetas secretas. En los años venideros hubo una época en que me dio por seguir los rituales a pies juntillas y cuando mis tías, mi abuela o mi madre realizaban el mínimo cambio, me enfadaba como una mula, me volvía terca, rígida. 

No fue fácil acostumbrarse a la fase “orden”, no. A veces era excesivamente ordenada y otras, completamente caótica. Iba de un extremo a otro sin entender cómo me pasaba aquello y me enfadaba, bastante. Creo que tardé unos años en aceptar las diferentes estructuras de la realidad de manera consciente y creativa a la vez. 

El reino del Emperador, efectivamente, hay que ganárselo. Lo mismo me pasó cuando empecé a vivir sola, lo cual en nuestra familia sucedía al cumplir los 18 años. Pero es un ritmo que se acaba encontrando, antes o después. Puedes pasarte épocas en las que comes cuando te da la gana y otras en las que tus actividades te requerirán un horario. Ése es el orden del Emperador, una sistematización, una ubicación tan natural como los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, la cuatro fases de la luna o los cuatro ingredientes de la alquimia que por aquel lejano entonces comencé a conocer: sal, azufre, mercurio y ázoe

Los cuentos del destino 32

El mundo que heredamos de la Emperatriz es como un gran jardín, es hermoso, lleno de vida, flores, pájaros exóticos, colores, en un constante embarazo. Luego llega el Emperador con su orden, con las palabras, con todo un sistema de valores. Eso es lo que relata el cuento. El orden del Emperador no es de cualquier tipo. 

En realidad esta pareja de Grandes Reyes que son la Emperatriz y el Emperador se complementan como dos socios de una gran empresa en la que uno se dedica a la creación y procreación de los proyectos e ideas y el otro se ocupa de que todas esas maravillosas ideas se conviertan en algo concreto. Son muy diferentes el uno del otro, pero no olvidemos que se complementan. 

A veces se encuentran Emperadores como los del cuento antes de que la estrella intervenga. Podemos en alguna ocasión  de nuestras vidas adoptar ese tipo de actitudes frente a la necesidad de organización hasta que conectamos con nuestra estrella y surge el nuevo orden a partir de algo que siempre había estado allí de alguna manera, tal como acontece en el relato. Un orden pacífico y que dé lugar a un gran desarrollo no es algo instantáneo ni sencillo. Las etapas por las que podemos pasar son las mismas que se cuentan aquí con todos aquellos  pretendientes al trono. ¿Pero quién pondría en orden aquel reino manteniendo su alegría y su espontaneidad? ¿Tú podrías hacerlo? ¿Cómo?

Los cuentos del destino 31



Le enviaron un ángel que le comunicara el acertijo. Si Juan contestaba, el celestial emisario debía regresar inmediatamente con la respuesta. Juan lo escuchó con suma atención. Luego se retiró a contemplar sus tierras, sus animales, su casa y su familia. No tardó mucho en contestar:

-          Sí, está claro.  Y le susurró al ángel su respuesta.


El cielo se regocijó y aquel reino antes sin rey, también. El emperador Juan (tal como se le cita en algunas crónicas antiguas) les protegió de las invasiones, creó caminos, supervisó la organización de los terrenos así como la de los almacenes, los días de mercado y los de fiestas, inspeccionó la urbanización y la construcción de escuelas, hospitales y, por supuesto, de los teatros. Supo rodearse de buenos y sabios consejeros, dictó leyes y veló por el bienestar, también pidió perdón cada vez que se equivocaba e intentó no repetirlos.

En su escudo brilló siempre un águila y el emblema de la familia fue un carnero con un rubí rojo con la leyenda “Busca la sabiduría de la belleza, nombra a todos los seres, jefe entre los poderosos del Orden y sus cuatro manifestaciones”, el mismo que había en el frontispicio de su casa, que no había abandonado y que él había construido con sus propias manos.

Gobernó con uso de la razón, del sentimiento, la percepción y la intuición. En su reino se cobijaron los hombres simples junto a los mejores poetas y artistas. 

Imagen: carta IV, El Emperador, Tarot Dalí

Los cuentos del destino 30


Quien una vez más dio con una solución fue la pequeña estrellita. ¡Juan, el labrador! ¡Juan, el labrador!

Juan, sí, era un buen labrador. Juan trabajaba duro y siempre se aseguraba de que sus planes estuvieran bien formulados, no tomaba difíciles resoluciones sin antes sopesar los pros y los contras; se arriesgaba, probaba y había aprendido de sus muchos errores. Siempre había sido muy luchador y gracias a ello había convertido uno de los terrenos más yermos en el más fructífero de todos. 

En sus tierras las plantas parecían más felices. Sus animales estaban robustos y gozaban de buena salud. Su familia no había pasado hambre ya que él, atento al cielo, sabía prever y organizarse en los años de buenas y malas cosechas. Cada miembro de su extensa casa realizaba sus tareas con tiempo suficiente para dedicarse a las fiestas y a las artes o al ocio. Sus jardines eran armoniosos, sus flores bellas y perfumadas. Las bestias salvajes de otros campos sabían que allí no serían bien recibidas y no osaban entrar o se retiraban en estampida. Las tierras de Juan estaban bien cuidadas y protegidas al igual que los suyos. 

Imagen: carta IV, El Emperador, Tarot Gaian

Los cuentos del destino 29


La idea se le ocurrió a una pequeña estrellita que solía lucir justo encima del campanario de la iglesia mayor de aquel reino, no por nada había observado desde tan alta perspectiva hasta cada amanecer, entusiasmada. ¡Un acertijo! ¡Un acertijo! Las demás estrellas, la luna, el sol, los planetas, asteroides y cometas aceptaron entusiasmados. Y las nubes también. Como los ángeles estaban un poco cansados después del trajín de la jornada anterior, fueron las gotas de lluvia las encargadas de hacer llegar las palabras de aquel acertijo a todos los reinos:

 

Cruza las piernas y los brazos

Busca la sabiduría de la belleza

Jefe entre los poderosos

El carnero sensato con el rubí

Es el Padre, buen rey del uno y de los cuatro senderos

 

La lluvia fue generosa. Todos en el cielo y en la tierra recibieron la buena noticia.

Curiosamente, inmediatamente después, en aquel reino todo creció aún más: hubo más plantas, más edificios, más campanas, más flores, más bebés, más cuadros, más y más, más selva y más risas. También, más problemas. Todo se sumó y se multiplicó.

El Cielo se dedicó a esperar paciente a quien resolviera el acertijo. Pasó el tiempo que se fue llenando de actividad. Por el camino muchos abandonaron: las pruebas eran arduas y algunos se cansaron incluso antes de empezar. Otros, a medio camino. Muchos se dedicaron a pensar tanto que no podían hallar la respuesta correcta entre las tantísimas que se les ocurrían. Ciertos se enfadaron por no ser capaces de resolver el acertijo y le culparon de sus fallos, de sus desgracias, aunque luego decidieran firmemente que aquello no debía ser así, pero ni tan siquiera ellos dieron con la respuesta adecuada. Otros se dedicaron a criticar duramente aquel acertijo no logrando respuesta ni tampoco preguntas. 

Dicen que algún rey llegó a esclavizar a sus súbditos para que encontraran la respuesta perfecta y muchos se vieron más presos que antes. Otros lograron que sus reinos se volvieran oscuros y amargos de pura decepción. Algunos se dedicaron a las alquimias más exquisitas sopesando, analizando y cuantificando cada una de las palabras del acertijo; parece que aún continúan enredados en sus conclusiones si bien aquel reino ya está en orden y cada cosa ocupa su lugar con plena y satisfactoria felicidad. Nadie lograba acertar el acertijo.

Imagen: carta IV, El Emperador, Tarot WilliamLi

Los cuentos del destino 28


Las estrellas que les observaban decidieron que había que hacer algo y convocaron una reunión con la Luna y el Sol. Era evidente que allí hacía falta un poco de orden. También acudieron otros planetas, asteroides y cometas. Estaban preocupados, con razón, porque pronto las confusiones llegarían a liar al día con la noche dado que cuanto ocurre en la tierra también afecta al cielo. Evidentemente eso era un desastre que había que evitar. ¡Incluso las nubes estuvieron de acuerdo!


¿Pero quién pondría en orden aquel reino manteniendo su alegría y su espontaneidad? La tarea no era nada fácil. La Corte Celestial envió emisarios por doquier. Aquellos días los ángeles y los querubines tuvieron mucho trabajo entregando mensajes. El aire se llenó de una delicado frufrú de alas y las campanas sonaron más y mejor que nunca.

En muy poco tiempo, algo así como una semana, los pasillos del cielo se llenaron de pretendientes al reino. Se presentaron casi todos los príncipes, reyes, emperadores, reinas, emperatrices, guerreros y guerreras de los cuentos. También enviaron emisarios muchos dioses de oriente y occidente. Los jefes de los hombres más poderosos acudieron con sus deseos de poder. La cola que se formó era casi infinita. Los habitantes del cielo volvieron a reunirse. ¿Cómo podrían elegir entre tantos y tantos y tantos y ...? 


Imagen: carta IV, El Emperador, Tarot Gaudenzi 

Los cuentos del destino 27



IV El Emperador

El acertijo













Y un día el reino empezó a crecer como si le hubieran echado levadura. Se hizo grande y rechoncho tal como les había prometido la Reina Blanca antes de dejarles, no sin tristeza igualmente elevada. Algunos aún recordaban que les había auspiciado que el cielo les protegería. Pues así habría sido, se decían algunos, mientras espiaban cómo las estrellas les observaban. El reino parecía henchirse de noche y crecer de día. ¡Como los panes!, reían unos y otros.

Había ciertos detalles que hubieran desconcertado a los visitantes, sin embargo. En los huertos crecían por igual las flores y las legumbres. Las campanas de las iglesias redoblaban con el viento, que era muy caprichoso y así podían entretenerse en un repique prolongado. Si alguien se hubiera puesto a estudiar los terrenos habría descubierto que había más jardines que huertos, más campanas que iglesias, más teatros y tabernas que casas. Los trovadores siempre que podían se detenían más tiempo allí dada la naturaleza alegre, amante de las artes y amable de los habitantes de aquel reino inigualable. En medio de aquella felicidad pronto surgieron algunos problemas, como los hierbajos, por ejemplo.

Estaban todos y todo muy apretujados, a tal punto que cuando alguien se desperezaba podía (y así era) darle un codazo a una rosa que pinchaba a un tercero que no encontraba la manera de dejar de sangrar. Cuando alguien estornudaba en medio de una función del teatro, lo hacía con tal fuerza que agitaba el aire; y el viento se arremolinaba antojadizo haciendo sonar las campanas, claro. Entonces todos reían, actores y público se olvidaban de la función hasta el día siguiente, ya nadie sabía qué hora era y las compañías que esperaban para actuar se agolpaban en la carretera.

Los pintores pintaban por todas partes, a veces hermosos cuadros aguantaban estoicamente debajo de los cascos de los caballos que al mirar al suelo no sabían dónde detenerse (para ellos las figuras y los humanos eran personas de similar índole). Nadie lograba llegar a dónde realmente quería ir sin dar grandes rodeos utilizando diversos medios. Más de una vez sucedieron malentendidos. Sin embargo, aquella gente reía y seguía disfrutando gracias a la mágica estela dejada por la Reina Blanca.

Imagen: carta IV, El Emperador, Tarot Carlos VI, siglo XV 

XXIII y seguimos preguntando..

Si hacemos caso a nuestro aspecto en tantos aspectos fundamentales como el hambre, el frío, el calor, el deseo, el cansancio, la tristeza, la alegría, etc., es evidente que podemos utilizarlo en otros contextos. Parece que al cuerpo no le podemos “engañar” con argumentos mentales y de ahí que se hable de las enfermedades psicosomáticas, por ejemplo.

Hay más maneras de obtener respuestas a nuestras preguntas, una de ellas es el Tarot. Podemos extender el mazo de los Arcanos mayores y sacar una carta. La ventaja del Tarot es que aporta una respuesta con matización incluida. Más que una solución, nos empuja y pone nuestros motores en marcha para que la respuesta salga desde dentro de nosotros mismos claramente, desde aquel mar profundo que compartimos con el resto de los mortales. ¿Qué hay de lógica y de poesía en todo eso?

Rescatemos las palabras del Maestro del tarot Oswald Wirth:

“Las respuestas del tarot están lejos de ser claras, a veces son descorazonadoras e incluso se resisten a cualquier interpretación con un mínimo de sentidos. Estas precisamente son las que hay que descartar porque buenas respuestas se distinguen por su lógica y por la reducción de la ambigüedad inherente a los oráculos a su mínima expresión.

La imprecisión de los oráculos, que es proverbial, se opone en efecto, a las respuestas categóricas. La adivinación se hace completa en el terreno de las vagas indicaciones pero que son las justas y necesarias para que el beneficiario pueda sacar provecho descubriendo su propio sentido”

XXII más preguntas y quizá alguna respuesta

Quizás nos convenga analizar la conveniencia de los sueños desde el punto de vista más racional. Nos servirá tanto para reafirmarnos en nuestra idea como para todo lo contrario. Siempre es útil dudar sobre las creencias de uno mismo. Apliquemos, entonces, el método socrático. Necesitamos un enunciado, otro contrario, una excepción y una matización.

Empecemos por negar toda esta aparente sarta de ensoñaciones. Muchas veces se puede llegar a conclusiones interesantes a partir de la negación de algo o de lo evidente.

Enunciado: Soñar no tiene sentido

Contra enunciado: Podemos encontrar situaciones en las que soñar tiene sentido

Desarrollemos brevemente este contraenunciado.
Podemos soñar con un futuro mejor, un trabajo mejor, un objetivo que queremos alcanzar, una relación con una persona de quien nos hemos enamorado. Podemos preguntarnos si hay otras actividades que tengan sentido para nuestros ejemplos. ¿He soñado alguna vez con una situación que se había dado en la realidad de la vigilia y a partir de ello he dado con el sentido de lo que estaba viviendo? ¿He soñado con personas que conozco o que existen y por lo tanto dan un sentido especial a mis sueños? ¿He soñado con una situación real que en la vida diurna me llena de insatisfacción pero que en el sueño aparece con un sentido nuevo y eso me ha llenado inconscientemente de satisfacción y sentido?

Si soñar no tiene sentido, ¿qué lo tiene? Podemos escribir una lista, larga o corta, lo interesante es que sea lo más profunda posible. De esta lista de resultados posibles cómo podemos saber a ciencia cierta que cada elemento tiene precisamente sentido? ¿Todo cuanto existe tiene sentido? ¿En qué porcentaje?

Como acabas de leer en este desarrollo del contra enunciado, ya ves que se trata de cuestionarse una verdad. Esta parte del proceso puede ser infinita, pero nos basta en este libro con los ejemplos dados anteriormente para llegar a la siguiente conclusión:

Si a veces el hecho de soñar puede tener sentido, entonces el primer enunciado no es totalmente cierto.
Matización: Todo cuanto existe puede tener y no tener sentido de por sí y por lo tanto soñar también.


Como estás observando, querido lector, el método socrático nos empuja a un diálogo constante donde escuchamos y somos escuchados (por nosotros mismos o por otros). Se puede continuar hasta encontrar un enunciado que no puede ser matizado.

El hecho de que las cosas tengan lógica no significa que sean verdaderas. Hay otras maneras de averiguar lo que nos llama como verdadero. Podemos hacerlo con nuestro cuerpo. Un simple ejemplo: hazte una pregunta y volviendo siempre a lo mismo:
¿Soñar tiene sentido?

A continuación siéntate, relájate. Haz tres respiraciones profundas. Estira los brazos para que queden perpendiculares a tu cuerpo, a la altura de los hombros. Puedes hacerlo también con las piernas, de pie y ligeramente abiertas. Otorgaremos a cada brazo o pierna un valor determinado, puedes cambiarlo a tu gusto, pero por ejemplo:

Brazo derecho o pierna derecha: Soñar NO tiene sentido.
Brazo izquierdo o pierna izquierda: Soñar SÍ tiene sentido.


En tus frases es necesario que incluyas el sí o el no.

Coloca cada frase en cada brazo o en cada pierna, imagina que las “pones” allí. Imagina cómo ocupan tu brazo o pierna, cada “sí” y cada “no” corren por las venas de cada miembro. A continuación vamos a comenzar a dar indicaciones a nuestro cuerpo:

1. En primer lugar le dirás que vas a hacer una pregunta para que tus brazos, o piernas, contesten, que cada uno representa una afirmación y una negación a tal pregunta y que el que pese más será la respuesta.

2. Respira una vez más, necesitamos estar relajados para escuchar nuestra voz interior, el canal de expresión de nuestra intuición.

3. Cierra los ojos, extiende los brazos o ponte recto para sentir tus piernas separándolas ligeramente.

4. Haz tu pregunta y mantenla mentalmente.

5. Haz silencio, sólo espera y mantente atento a lo que sucede en tu cuerpo.

6. Has de esperar hasta notar que un la parte de tu cuerpo implicada se manifiesta más claramente; el movimiento del cuerpo no es veloz y si estuvieras tenso, menos aún.

Un libro por un comentario


Válido desde hoy 15 de febrero de 2009 hasta el 22 de febrero de 2009

Si te interesa un libro sobre tarot para principiantes, te envío el mío en pdf. Y te pido algo a cambio: tu comentario sobre el libro. 

Si estás interesado o interesada, puedes escribirme a jimenafernandezweb@gmail.com 
explicándome porqué te interesa 
y qué esperas encontrar o qué estás buscando. 




Los cuentos del destino 24

Otro gran papel que está reservado a La Emperatriz es la mediación en los asuntos domésticos porque ella es una gran diplomática por excelencia, tal vez precisamente porque sabe reírse de lo serio y se toma con seriedad la risa. Aprovecha esta energía para mediar contigo y con esa parte tuya que siempre está en desacuerdo. Es ahora el momento de cuidar, nutrir y mimar cada una de tus zonas, de tus personalidades. La parte más enfadada de ti mismo encontrará comprensión con La Emperatriz y se relajará. Preséntale estas zonas tuyas, nada has de temer porque ella sabrá perfectamente cómo hacer que todos se sientan como en casa y a su aire.  ¿Por qué no lo pruebas?

Es ahora el momento para entregarse a proyectos, puede que te encuentres lleno de ideas o lleno de una idea. La Emperatriz se hace notar de esta manera, con este entusiasmo. La necesitas especialmente si estás pasando por una época en la que mucho o todo te parece  que va mal. Si ves primero lo negativo en las personas que conoces, necesitas el auxilio de La Emperatriz. Si acaso también ves siempre primero el aspecto negativo de lo que haces (olvidándote sin querer de las vertientes positivas), te aliviará encontrarte con la gran dama de esta carta. Esta gran dama no está fuera de ti, como todos los arcanos está dentro de nosotros, es uno de nuestros aspectos. 

La Emperatriz puede manifestarse de manera muy amorosa o muy castradora, no tiene términos medios. Puede que te emborraches con proyectos y no los acabes materializando o te canses a medias; puede que no des rienda a ningún proyecto, porque nunca te parece lo suficientemente válido. Podemos construir y podemos destruir con la misma facilidad. Si te observas tendrás más posibilidades de saber de qué lado inclinar la balanza para que se equilibre. ¿Por qué no lo pruebas?

Quizás no tengas fuerzas en este mismo momento para salir a divertirte o preparar una comida para tus amigos o ni tan siquiera para cuidar de tu imagen personal. Entonces yo te pediría que te compraras flores, un ramo pequeño y que te guste. Ponlo en un recipiente con agua, mima los tallos de las flores, concéntrate en su colocación y detente en el placer de simplemente gozar de estas flores. Puede ser incluso una flor, una única. Pero sean muchas o pocas, dedícales al menos una hora. Míralas, tócalas, huélelas... de cerca... de lejos... ¿Por qué no lo pruebas?

Puede que la situación no cambie, puede también que este respiro dentro del jardín de la Emperatriz te sirva para poder sentir el perfume de las flores, que a pesar de todo, sigue existiendo. Podemos permitirnos un paseo por el jardín de la Emperatriz para recordarnos a nosotros mismos que los jardines existen, que las flores florecen. Pero... ¡ojo! El jardín de la Emperatriz necesita un Emperador, tal como podrás comprobar en el siguiente  cuento.

Los cuentos del destino 23

A la Emperatriz, mi hermana y yo la llamábamos el hada la-la-lá. Podíamos pasarnos un día entero sin tomarnos las cosas demasiado en serio, nos bastaba con decir “¡La-la-lá!” y simplemente nos reíamos y jugábamos sin sentido, porque sí. Esos días cantábamos más, jugábamos más, nos reíamos más, sin ton ni son. Una deliciosa confianza nos embriagaba. Aún hoy cuando a veces estamos atravesando un momento difícil o sin querer nos hemos vuelto demasiado rígidas o exigentes, cuando nos pasamos un día diciéndole a los demás lo que deben hacer u opinamos sesgadamente sobre los acontecimientos de la vida de los demás y nos damos cuenta de ello, nos llamamos. Al descolgar el teléfono basta que una de las dos pronuncie entonces aquel “¡la-la-lá!” para relajarnos un poco más y abordar el asunto complejo y embrollado que nos tiene ofuscadas desde otro punto de vista. ¡A veces, funciona! 

¿Qué pasaría si un día, o tal vez durante un par de horas, si te imaginaras en el trabajo o en el medio donde te sientes aprisionado acompañado del hada la-la-lá? ¿Es muy descabellado ni tan siquiera imaginarlo? ¿Lo has probado? ¿No funciona la fotocopiadora por enésima vez? ¡La-la-lá! ¿Las cosas no han salido como esperabas? ¡La-la-lá! ¿Alguien se ha puesto como objetivo hacerte la vida más difícil? ¡La-la-lá! ¿No hay salida? ¡La-la-lá!

No se trata de un tipo de actitud constante ni de dejar de  tomarse las cosas con seriedad y responsabilidad. Simplemente es un juego. Si invitas a la Emperatriz a tu espacio de meditación es posible que te sugiera alguna manera de divertirte un poco dentro de la gravedad del momento. Sólo será un ratito. ¿Por qué no lo pruebas?

La Emperatriz invita además a cuidar y cuidarse, nutrir y nutrirse. Ahora es tiempo de cuidarse más, de cortarse el pelo y  ponernos guapos. La Emperatriz respira primavera y querrá tener flores en casa, buscará el sol y la diversión por ella misma. También  se hará sentir para que prepares alguna comida para amigos o familiares. Quizás la cocina no sea tu fuerte aunque no haya quien resista los bocadillos que haces. 

La Emperatriz necesita cuidar de los demás y de sí misma. Lleva algo para desayunar al trabajo que puedas compartir con algunos compañeros. “¿Por qué no lo pruebas?”- te diría La Emperatriz entre traviesa y divertida. La Emperatriz te pedirá que te pongas cremas después de la ducha o del baño, que cuides tus manos, tu piel. Si puedes darte un baño, mejor que mejor y si lo haces con música y pones unos inciensos... Todo para que puedas decir con ella: -¡Mmmm... qué delicia! 

No se trata de que te comas tus postres preferidos, ni que te compres todo cuanto necesitas o crees necesitar, se trata de algo mucho más básico. Se trata de sentirse bien con el cuerpo, de disfrutar con las cosas y los momentos que ya tenemos y de hacer de manera tal que podamos compartir un momento delicioso con los demás.

Los cuentos del destino 22

El olor a tierra es algo que me encanta. No es raro, el poder de las brujas está muy relacionado con la Tierra porque es ella quien nos da ese poder. Puedes sentirlo cuando te vas a un bosque y  pisas la tierra con los pies desnudos. Vas a bosque, te adentras en él, te descalzas, te apoyas sobre el suelo y suspiras. Luego, comienza a respirar. Concéntrate en tus pies, como si el aire entrara desde la tierra, hinchara los pies como si de pulmones se tratara. En esos momentos se siente la energía de la tierra. No se trata de una locura mística, ni de algo imaginario. La energía de la tierra es algo más que probado. Simplemente se trata de sentirla, es maravilloso.

Imagínate Tierra. Mira el mundo desde allí. ¿Qué ves? ¿Cómo se ve todo? ¿Cómo ve la Tierra el nacimiento de una plantita, el despuntar de una hierbecilla? ¿Cómo se siente la Tierra en primavera cuando todo nace? Ve hacia atrás en el tiempo hasta tu nacimiento. Imagínalo. Imagínalo y enamórate de aquel momento. Fíjate en aquel segundo. Eres tú, el Cielo y la Tierra. La Tierra estaba enamoradísima. Y el Cielo también. En aquel exacto segundo en que todo esto y más, mucho, mucho más, más contemplaban como nacías otra vez.

Los cuentos del destino 21


III La Emperatriz

La Tierra enamoradísima.



La Tierra estaba enamoradísima.

Su luz henchía el cielo iluminando la luna el sol los astros.

Bastaba contemplar por una milésima de segundo cómo crecían los hierbajos plenos. Los gusanos se desternillaban de risa mientras se arrastraban por curvas y pasadizos. Las hormigas danzaban al compás de la alegría de las hierbas y las carcajadas. Las flores, las flores también. Cuchicheaban mimosas al sol mientras las mariposas susurraban entre ellas cantando algo sobre las hormigas.

El viento acariciaba a unos y a otros con brisas que los árboles agitaban y lanzaban al mar imperioso de espumas. A las montañas se les derretían las nieves de tanto gusto salado y otras se abrigaban en ella (ya que cada cual es diferente).

Al mirarlo y al sentirlo aquello parecía un cuadro de Van Gogh donde cada trazo respiraba a pleno pulmón y se agitaba y se estremecía.

La Tierra estaba enamoradísima.

Su corazón repleto de ideas inalcanzables para la mente.

Cada pincelada de cada cuadro del mundo y de la historia se escapa en algarabía de los marcos para mezclarse en las casas, sus fachadas, techos, suelos y paredes. Animales y humanos retozaban y se henchían de sexo y amor en frenesíes incontenibles en casas de colores. Los libros también agitaban sus páginas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda formando remolinos cosquillosos en el centro. Las palabras saltaban en traviesos pas de deux y se iban de paseo para volver a contarle a las blancas páginas las maravillas que habían visto en abrazos amorosos. A veces, a veces, los colores, las nieves, la sal y el viento junto con las flores, mariposas, hormigas, gusanos y hierbajos se entrometían entre las frases y los párrafos.

La Tierra estaba enamoradísima.

El mundo tomaba cuerpo y sentidos.

Todos los bebés de todas las criaturas terrestres sentían cosquillas, cosquillitas, cosquillas de hierbajos, de pinceladas, de plumas y de hormigas. Los pájaros no dejaban de dibujar grandes elipsis y figuras únicas. Los peces subían a las superficies de las aguas para besarles cuando planeaban en vuelo rasante hacia todos los rincones, hacia los campos, montañas, desiertos y las ciudades. Los instrumentos y las notas musicales de todas las partituras, orquestras y salas de concierto interpretaban todas las obras de la historia musical. Los semáforos centelleaban al compás.

La Tierra estaba enamoradísima.

El espíritu se encarnaba.

El sol, la luna, las estrellas y los planetas giraban mareados de felicidad a su alrededor. Las nubes, la lluvia, el granizo y el calor; la humedad, la sequía y las tempestades se emborrachaban de besos. Unos y otros, otros y unos en absoluta dicha de estar juntos.

La Tierra estaba enamoradísima. Y el Cielo también.

En aquel exacto segundo en que todo esto y más, mucho, mucho más, más contemplaban como nacías otra vez. 

Los cuentos del destino 20

Hasta que un día, de casualidad, porque a aquella hora no solíamos estar en casa y porque habíamos hecho pellas, oímos una gran discusión entre nuestra madre y la abuela.  Al principio los gritos no nos llamaron la atención porque nuestra familia era muy ruidosa. Mi hermana Victoria fue la que se empeñó en bajar, aunque yo prefería que cogiéramos lo que habíamos venido a buscar e ir a reunirnos con nuestros amigos que nos estaban esperando. Ella insistía. 

He de señalar  que Victoria es una de las cabezotas más perseverantes que he conocido en mi vida. Bajamos. Lo oímos todo. No acudimos al encuentro con nuestros amigos sino que nos fuimos corriendo a nuestro escondite en el bosque a escribir cuanto habíamos oído con total claridad.

Todo esto sucedió mucho tiempo después del cuarto cuento, el que la abuela me contó cuando, precisamente, tenía cuatro años.

Los cuentos del destino 19

Nuestra familia, a excepción de tía Flo  (y tía Matilde por una temporada), estaba compuesta exclusivamente por mujeres. El tío Matildo, como lo llamábamos, un buen día desapareció y a pesar de todo cuanto se hiciera por animarla, la tía Matilde lloró durante un año lunar entero. El marido de tía Flo, el mago, fue el único hombre presente en nuestra casa. Con todo a él también a veces le daba por desaparecer y luego aparecía como en uno de sus trucos, pero siempre era bien recibido. Tía Flo era feliz.  Nuestra familia estaba integrada por una gran cantidad de personas. Éramos una enorme cantidad de niños que corríamos por los pasillos de las casas y los jardines. Recuerdo que cuando íbamos a visitar a otras partes de la familia, incluso me sorprendía ver a tantos hombres.

En silencio mi hermana y yo buscamos información al respecto durante toda nuestra adolescencia. Fue relativamente fácil dar con la historia de la Primera Maga. A parte de una desgraciada historia de amor y una profecía que ya conocíamos, no hubo novedades reveladoras.

 A lo largo de nuestras investigaciones sólo dimos con algunos puntos coincidentes. Todos conducían a mujeres que se quedaban solas por uno u otro motivo. Los hombres o bien desaparecían, eran prácticamente tragados por Saturno, o bien eran intermitentes, como si se tratara más bien de un truco de magia que de una persona real. Victoria insistía, como siempre, en que si yo era la continuadora que rompería con la tradición, debería hacerlo cuanto antes porque ella quería enamorarse y vivir en pareja. 

En realidad era la única que veía algo de positivo en mi sospechada futura traición. “Ya verás, me decía, seremos felices como cualquier mujer aunque no podamos hacer ni un truquito de los nuestros, pero no importa porque seremos mujeres felices y tendremos un compañero de vida, a parte de tenernos la una a la otra, claro.”  Se nos predecía en nuestros caminos dos amores a cada una y el segundo sería el que tendría éxito aunque fuera menos importante que el primero. 

Victoria formaría familia con un hombre del desierto y yo con uno de un país frío, nos había dicho la abuela. El de Victoria sería mayor que ella y en cambio, el mío sería menor que yo.  Tanto a Victoria como a mí todo aquello nos daba la risa y mucho morbo. Aún no podíamos imaginarnos dejando pasar a los grandes amores de nuestras vidas para tiempo después formar familia con otras personas a las que amaríamos con todo nuestro ser, pero sabiendo haber dejado que nuestros medio cielos se alejaran de nuestras vidas.

 Además de estos descubrimientos sobre la soledad de las mujeres de nuestra parte de la familia, notábamos que el poder de cada generación también iba disminuyendo. No se trataba de una información concreta, sino de una sensación. Podíamos interactuar con el orden Universal tanto cuanto lo habían hecho nuestras predecesoras. Sin embargo había algo que se iba escapando. 

Ambas tuvimos la misma sensación, exactamente al mismo momento. ¡Y entre nosotras no podíamos leernos la mente! Efectivamente, a pesar de todos nuestros experimentos entre nosotras este poder se anulaba aún sin protegernos con el círculo mágico, sin que hiciéramos nada. El hecho singular de que sin evidencias ambas tuviéramos la misma intuición con respecto a una idéntica cuestión al mismo tiempo, nos abría un camino. Por aquel entonces no supimos cómo aprovecharnos de esa posibilidad.

y XXI... preguntas y más preguntas

¿Recuerdas algún sueño que te haya impactado? Tal vez sólo uno o quizás más. Si has soñado al menos una vez en toda tu vida ya es suficiente prueba de que tu inconsciente quiere comunicarse contigo y lo hace. ¿Se lo vas a negar? ¡Ah! Entonces a lo mejor crees que puedes controlar el inconsciente y que puedes ser más fuerte que él.

Estás encarnando la eterna lucha del hombre contra la naturaleza. Tal vez sueñes con grandes carreteras en el Amazonas o con un mirador para observar de cerca un volcán en erupción o con un sistema para hacer surf sobre una ola de un tsunami. No son locuras mías, hay gente que lo ha intentado; pero la naturaleza es siempre más fuerte que el hombre: no hemos sido nosotros quienes hemos creado este planeta sobre el cual vivimos.

¿Pero qué sentido podría tener negar el inconsciente? Que existe lo sabemos, se trata de algo evidente. Vivimos rodeados de sueños: Hollywood, Bollywood, la publicidad, el amor que esperamos, el trabajo que queremos hacer y que creemos que nos realizará, la salud que necesitamos y que hemos perdido, los hijos que anhelamos... ¿Hay alguna diferencia entre soñar despiertos y soñar dormidos? ¿Cuál?